La noción de ‘estructura social’ ocupa un lugar central en el campo lingüístico de las ciencias sociales y, muy en particular, en la Sociología. Desde nuestro punto de vista, se trata de una noción estratégica, tanto metodológica como teóricamente. Una noción que nos permite seguir los avances teóricos y metodológicos que nuestra disciplina ha conseguido. De hecho, es uno de los conceptos más completos de la Sociología, ya que, cuando su uso es apropiado, nos permite operar simultáneamente muchos aspectos de la realidad objeto de nuestra área de conocimiento.
Al mismo tiempo, sin embargo, el concepto de ‘estructura social’, o quizá por eso mismo, es uno de los términos más abstractos y uno de los más polémicos de la disciplina: nos encontramos ante uno de los conceptos más polisémicos de la Sociología. Y, todo parece indicar que, aunque nos acercamos, todavía estamos lejos de conseguir un significado relativamente unívoco, claro y consensuado para el significante ‘estructura social’.
En primer lugar, entendemos que las estructura sociales son, a la vez, esquemas y recursos. Esto nos define una primera dualidad que se mueve entre el polo virtual de los esquemas generalizables, y el polo material de los recursos. Sin embargo, dada la dualidad, también es cierto que podemos entender los recursos como componentes de los esquemas, así como podemos entender los esquemas como constituyendo ellos mismos recursos. De hecho, la distinción entre capital cultural y capital económico nos permite entender el primero como compuesto por una serie de recursos informacionales, que dotan de esquemas más o menos apropiados para la acción.
Por otra parte, entendemos que la estructura social capacita, al tiempo que limita, para la acción. Esto constituye la segunda dualidad, según la cual las posiciones oscilan entre la determinación de la estructura y el voluntarismo de la acción. Pero, de nuevo, encontramos que el poder, en sentido genérico, precipita esta dualidad, ya que la mayor o menor determinación o voluntariedad depende del poder del actor. Así, una mayor dotación de recursos (materiales e inmateriales –esquemas–) capacita más para el ejercicio del poder (sea coercitivo, autoritativo o persuasivo) y, de este modo para la acción (más voluntarismo), y a la inversa.
Por tanto, podemos entender el poder, en sentido genérico, como una rótula que articula la doble dualidad de la estructura social y pone en movimiento todo el entramado social en su dimensión histórica.
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